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El término sociobiología

Posted in Una visión general de la relación del hombre con la naturaleza on 30 mayo, 2010 by Yo por la naturaleza

Origen del término

El término sociobiología se acuñó por Edward O. Wilson en su libro Sociobiology: The New Synthesis de 1975; los antecedentes del pensamiento sociobiológico incluyen la obra de Robert Trivers y William D. Hamilton. El libro popularizó la intención de explicar la mecánica evolutiva detrás de los comportamientos como el altruismo y la agresividad de las hormigas principalmente y otros animales. El último capítulo se dedica a explicaciones sociobiológicas del comportamiento humano. Los sociobiólogos afirman que el comportamiento animal puede explicarse a partir de la selección natural, en términos de consideraciones evolutivas. La selección natural es fundamental a la teoría evolutiva y afirma que las características hereditarias que incrementan las posibilidades de supervivencia y reproducción serán más y mejor representadas en las generaciones subsiguientes, los atributos serán seleccionados. En tanto, mecanismos comportamentales heredados que permiten un organismo mayores posibilidades de sobrevivir o reproducirse muy probablemente estará presente en generaciones subsiguientes. Muchos biólogos aceptan que comportamientos hereditarios para la adaptación pueden presentarse en especies animales, pero la controversia se da en la aplicación del modelo evolutivo al ser humano, tanto dentro del ámbito de la biología evolutiva como desde la ciencia social.

Conquistar la naturaleza

Posted in Una visión general de la relación del hombre con la naturaleza on 7 mayo, 2010 by Yo por la naturaleza

La naturaleza ha sido agobiante y opresiva para el hombre durante milenios. Es verdad
que de ella extraía sus alimentos y los recursos que necesitaba, pero a la vez se le
manifestaba como peligrosa y caprichosa. Su vida estaba amenazada por las fieras; su
alimentación dependía de los caprichos de la meteorología; los incendios, riadas,
terremotos y otros accidentes naturales arrasaban sus viviendas y ciudades; las pestes y
otras enfermedades infecciosas diezmaban la población, … y todo esto sin entender
muy bien las fuerzas que la movían, siempre dependientes del capricho y el azar.
La necesidad de imponerse a la naturaleza es algo que muchos autores consideran que
está insertado en lo más profundo de la humanidad. Los diversos planteamientos de las
relaciones entre el hombre y el resto de la creación se pueden resumir en tres grandes
corrientes

1. El hombre dueño de la naturaleza sin condiciones.- Son los planteamientos en
los que se considera a la naturaleza como una fuente de recursos cuya única
función es suministrar lo que el hombre va necesitando. Es el punto de vista
dominante, en la práctica, en los últimos siglos. El conocimiento es el arte de
dominar sin condiciones la naturaleza y se considera que el desarrollo
técnológico traerá el progreso sin más que esperar a que vaya creciendo.

2. La naturaleza manda sobre el hombre.- En estos planteamientos el hombre es
un ser más dentro del conjunto de los seres naturales. Es sin más un animal con
unas peculiaridades evolutivas y, por tanto, está gobernado por las mismas leyes
que rigen en el resto de la naturaleza. Dentro de este grupo caben dos posturas
extremas que llevan a situaciones muy distintas:

— Ecología profunda.- La llamada "deep ecology" (ecología profunda), considera que lo valioso es el conjunto de la naturaleza y que la importancia del hombre es simplemente la de un ser natural más. Su
valor es el mismo que el de cualquier otra especie de ser vivo o, incluso, de ser inanimado. Se olvida o niega la naturaleza específica del hombre y lo valioso es la potencialidad evolutiva del conjunto de la biosfera.
Dentro de este planteamiento varios autores defienden disminuciones drásticas de la población humana hasta llegar a los 500 millones (algunos a los cien millones) de habitantes en la Tierra que son lo que consideran
compatible con una naturaleza no alterada seriamente por la humanidad.
–Sociobiología.- Una idea del hombre muy parecida a la de los defensores de la "deep ecology", es decir una concepción del ser humano como una especie animal más, sin diferencia radical con otras, lleva a otros autores al extremo opuesto. Se defiende que la ley natural por excelencia es la supervivencia del más apto y que, por tanto, el comportamiento de los
hombres -la sociología- está regido por la "ley del más fuerte", como el de cualquier otra especie. Consideran inevitable el egoísmo humano.
Algunas posturas extremas llegan a justificar formas de racismo o sistemas de poder basándose en estos planteamientos, al considerar que hay grupos humanos con mejores cualidades que otros y que son estos los que deben imponerse.

3. Personalismo.- En este planteamiento el hombre es considerado como persona,
en el sentido de que biológicamente es un animal, pero no se agota ahí su ser,
sino que como criatura creada por Dios a su imagen y semejanza, tiene una
dignidad radicalmente superior a todo el resto de los seres de la naturaleza. Su
trabajo es de cuidado y diligente administración de la naturaleza. No tiene un
dominio incontrolado sobre ella. Debe respetar sus leyes, que el hombre no ha
puesto, sino que le han venido dadas. El hombre depende de la naturaleza,
porque está inserto en ella, y es a la vez guardián de ella por su capacidad de
proyecto. En este contexto se entiende que el hombre sea el único ser que posee
deberes y obligaciones respecto de la naturaleza y que es responsable de su
actuación frente a ella. Por eso no cabe una actitud sólo consumista sino que
nuestra relación con la naturaleza debe enriquecer la personalidad humana,
aumentando nuestra libertad y nuestro conocimiento.

CULTURA Y ÉTICA

Posted in Una visión general de la relación del hombre con la naturaleza with tags on 5 mayo, 2010 by Yo por la naturaleza

UNA VISIÓN GENERAL DE LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON LA

CIENCIA CULTURA Y MEDIO AMBIENTE

CULTURA Y ÉTICA


En esa trama sutil pero real se debe manifestar que no es posible rescatar la biodiversidad

natural sin rescatar simultáneamente la cultural. Cualquier esfuerzo por preservar y

restaurar la fauna, la flora y la belleza paisajística de un ecosistema incluye también los

seres humanos que lo habitan. Porque la especie humana, como genoma y como cultura, es

parte constituyente de la biodiversidad de un ecosistema. Las formas específicas de

adaptación del hombre al ambiente natural para sobrevivir, y las adaptaciones constructivas

que él mismo hace de su entorno para apropiárselo en busca de calidad de vida, son

generadoras de una complejísima red de símbolos que constituyen la cultura. Estas acciones

semióticas históricas de profunda raigambre territorial, de interacción humana con el

hábitat natural y construido, tipifican la forma particular de cultivo de la vida biofísica y

espiritual de una comunidad que la hacen tan diferente a otra. Es la cultura propia de esa

comunidad humana, enmarcada en un espacio y en un tiempo que le pertenecen y que la

diferencia de otros grupos humanos. Es su patrimonio.

La cultura es a la vez la humanización que el hombre hace de su ambiente y la

territorialización que del ambiente hace su hijo. Porque el hombre es uno de los frutos

típicos de la tierra, y en su avance cultural también favorece la tierra que lo brota. De allí

las etnias, con sus bagajes de ancestrales mitos que cultivan el prodigio de la vida, con

leyendas que explican su génesis con bellísimos rituales que celebran la feliz pertenencia al

misterio del entorno, y de las invisibles redes sociales que estructuran, al pueblo con el

pueblo.

En la cultura se da la compresión del mundo y de sí mismo. La interpretación de la vida. En

ella, el niño crece y aprende las cosas más serias de lo humano y lo divino, en un proceso

lúdico que incluye hasta las fatigas adultas del trabajo. El hombre crea y se recrea en la

cultura. Evoluciona con ella. Hace su mundo imaginario -su cosmovisión-, eslabonando la

adustez del suelo con la ilusión de un cielo promisorio, para terminar siendo hecho por el

mundo fabricado en sus deseos. Y así construye su proyecto de humanización, en la

búsqueda del horizonte precario que va logrando dibujar con el conocimiento científico y la

sabiduría.

La cultura es la matriz interpretativa del pasado de una comunidad, y el vector que la

conduce hacia el futuro. Esa matriz está compuesta por la jerarquía de valores que,

partiendo de la conciencia individual sobre lo que es bueno y es malo, se comparten con el

grupo de pertenencia, dan soporte al inconsciente colectivo, y sobre los cuales se organizan

las instituciones que reproducen dichos valores y los transforman evolutivamente. Los

valores se manifiestan en creencias, en costumbres, en actitudes y en normas de

comportamiento que hacen que el individuo se identifique con el todo social. Los valores

permean la lengua, la música, la religión, la estética, la ciencia, el trabajo, las fiestas, la

organización política, la educación, la familia, en síntesis, el todo social.

La bioética ambiental, a la luz de los anteriores criterios, encamina todos sus esfuerzos al

rescate de los valores, no sólo de la diversidad biológica y de la calidad de lo abiótico que

le da soporte, sino también del pluralismo cultural, sin el cual no podríamos estudiar y

preservar juiciosamente la naturaleza, para ser cultores de la vida.

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