La pregunta es obvia: ¿POR QUÉ?

Cuando un bosque se quema… I

A continuación, analizaremos la causalidad de los incendios forestales.

Responsables forestales

Bajo este título quiero incluir a aquellos técnicos responsables del ordenamiento forestal; no porque sean sospechosos de quemar nada, sino porque son culpables del estado calamitoso en el que se encuentra el monte gallego, y que es causa directa de los incendios.

La elección de las especies, especies de ciclo corto muy rentables para la industria pero poco para el titular del suelo (la madera de eucalipto o pino joven es baratísima aún sin quemar), es ya un verdadero crimen ecológico. Especies ajenas al medio en el que se introducen, empobrecen el suelo, impiden el desarrollo de especies arbóreas de desarrollo más lento, creando un monocultivo tan rico ecológicamente como un campo de cereal castellano.

El criterio de extracción es también una ofensa a la inteligencia, viendo camiones cargados de troncos de diámetros inferiores a los 10cm, e incluso a los 5cm. El procedimiento de tala salvaje que se lleva a cabo en Galicia, eligiendo una parcela y talando absolutamente todo, dejándola pelada de toda cubierta vegetal, con el suelo hendido por las rodadas de las máquinas y expuesto a la erosión, es un procedimiento que sólo tiene una ventaja: el beneficio a corto plazo de las empresas madereras, que minimizan los costes.

En un país no tercermundista la administración debiera velar por los intereses general, y no dar manga ancha a esa forma bárbara de proceder. El ingeniero que aprueba esa forma de actuar sabe menos de montes que cualquier capataz de montes de hace siglos, cuando cortar un árbol joven era un grave delito (además de una necedad).

Una industria de la madera que la requiere para trituración, para la producción de pasta de papel o tableros de conglomerado, sólo requiere de fibras vegetales, madera al peso de ínfimo coste que tanto puede venir de ejemplares jóvenes, como quemados.

Tenemos en la administración a unos técnicos absolutamente ajenos al problema de los bosques, al servicio de las empresas madereras y transformadoras y de sus intereses. Ahora mismo los bosques gallegos no valen nada: la mayoría de ejemplares de roble tienen menos de una veintena de años (producto de la regeneración natural de los incendios y talas masivas, cuando no se ha repoblado encima del carballal con pinos y eucaliptos, completando así el desastre). El resto de bosques, de repoblación, son de un bajísimo coste por ejemplar, como conviene a la industria pero evidentemente no a los propietarios (que muchas veces son comunales).

La administración no puede tratar el bosque como objeto de mercadeo, en vez de como un bien único a preservar. La administración ha de gestionar el patrimonio de todos en interés general, y no eximirse de sus competencias y dejar la planificación forestal en manos de la industria forestal. Un bosque bien gestionado es una riqueza, también económica, para toda la sociedad y muy en concreto para la comunidad rural donde radica. Si existen fuertes intereses económicos en que un bosque no arda, ese bosque no arderá.
Soluciones:

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Adopción de un sistema racional, moderno, de aprovechamiento forestal, en el que la tala sea selectiva, sólo de los ejemplares maduros y comercialmente aprovechables, reduciendo el impacto paisajístico y ecológico (erosión del suelo). Con este sistema, las ganancias revierten en el titular del suelo. En lenguaje de hoy: poner en valor la madera.
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Asunción por la administración de unas directrices, de un plan que indique qué se quiere hacer con el monte. Que las decisiones de las administraciones hayan de estar encaminadas a la preservación de la biodiversidad, así como a la gestión de los montes de forma inteligente para que tengan un alto valor que revierta en las comunidades a quien pertenecen. Para ello habrá que empezar por conocer la situación actual del monte gallego según un estudio serio, riguroso y ajeno a presiones externas, no como ahora.
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Protección absoluta de los escasos ejemplos de bosque atlántico inalterados en la geografía gallega (Ancares, Caurel, Fragas do Eume, Teixedal de Casaio…) como verdaderas joyas y esperanza de futuro para Galicia. Ellos han de ser la simiente para deshacer toda la devastación de las últimas décadas de barbarie contra el monte.
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Que el objetivo de las repoblaciones sea recuperar el ecosistema que heredamos, y no servir de materia prima barata a las industrias de la trituración. Prohibición absoluta de repoblar con cualquiera de las especies de eucalipto o pino alóctonas. Regenerar el bosque atlántico (roble carballo, roble albar, acebo, haya, negrillo, abedul…) siguiendo criterios biólogicos y no especuladores a corto plazo de la madera.

Industria transformadora

Galicia posee un poderoso sector forestal. La madera quemada es más barata porque sólo sirve para trituración, ya sea para la fabricación de conglomerados como para la producción de pasta de papel. Éste es el mayor sector productivo gallego y para ambas industrias, la pastera y la de los conglomerados, la existencia de incendios forestales les supone un seguro para obtener materia prima a bajo coste.

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