CIENCIA CULTURA Y MEDIO AMBIENTE

UNA VISIÓN GENERAL DE LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON LA

CIENCIA CULTURA Y MEDIO AMBIENTE

 

 

Al igual que la explosión demográfica, la revolución científica y Tecnológica empezó a

acelerarse durante el siglo pasado. Lejos de detenerse o frenar su avance, también esta

revolución ha pasado de pronto a crecer -n términos exponenciales. Por ejemplo, en

muchos campos de la ciencia ya es axiomático que ha habido más descubrimientos

decisivos en los últimos diez años que en toda la historia de la ciencia hasta ese momento.

Si bien ningún descubrimiento ha afectado por sí solo nuestra relación con el mundo como

lo han hecho las armas nucleares, no es menos cierto que, en su conjunto, han transformado

completamente nuestra capacidad de explotar la tierra en busca de alimentos, haciendo tan

impensables las consecuencias de una explotación incontrolada como las de un conflicto

nuclear fuera de control.

Por las circunstancias que rodean la actual difícil situación del planeta de la humanidad, es

que se insinúa que se debe entrar a reconceptualizar y, en consecuencia, a plantear una

ecología para el Siglo XXI, en razón de que durante buena parte del Siglo XX la ecología

se ha preocupado fundamentalmente de los problemas locales, tales como una población

animal específica en una reserva particular. Sin embargo, las ciencias del medio ambiente

-el estudio del clima o de la formación rocosa, por ejemplo apenas han prestado atención a

las posibles interacciones con la vida. Desde hace varios decenios los ecologistas y los

científicos del medio ambiente defienden el desarrollo de una nueva ciencia que tenga en

cuenta el ambiente en su globalidad; dicho de otra manera, una ciencia de la biosfera, el

sistema planetario, que incluya y permita la vida. Tal ciencia, necesariamente

interdisciplinaria, se plantea como indispensable para quien debe decidir y prever en

materia de medio ambiente. Se trata, en otros términos de establecer las bases de una

política que permita el mantenimiento le un medio ambiente de calidad. Asimismo se trata

de evitar los efectos indeseables del poder humano sobre el medio terrestre y de prever las

consecuencias de nuestras acciones.

Se reclama una ciencia que pueda explicar los complejos lazos entre vida y medio

ambiente, a escala planetaria. El desarrollo de una ciencia nueva de la biosfera es un gran

desafío para los próximos decenios. Si la vida y la biosfera son indisociables, nuestras

ciencias también deberían serlo En el pasado diversas disciplinas han analizado aspectos

concretos tic este sistema. Los biólogos estudiaban el reparto y las características de la vida

sobre la Tierra, aunque sin relacionarlas con los procesos globales tic¡ medio ambiente.

Inversamente, los que estudian la atmósfera apenas se preocupan del eventual efecto de la

vida sobre el clima. La nueva ciencia que está por nacer deberá integrar éstas y otras

disciplinas.


Se impone un cambio de mentalidades, porque no se dispone todavía ni de la teoría, ni de

los datos necesarios para un análisis científico sólido de los procesos del medio ambiente a

escala planetaria. Para desarrollar una verdadera ciencia de la biosfera deben ampliarse e

integrarse las ciencias del medio ambiente recíprocamente durante el Siglo XXI. Esta nueva

ciencia deberá incluir una teoría de la dinámica espacial y temporal de los fenómenos

ecológicos, que estará construida sólidamente sobre datos esenciales de la biosfera, cuya

evolución cuantitativa tendrá que ser vigilada.

Se dispone, se ha dicho, de los instrumentos necesarios -computadores, dispositivos

sofisticados de análisis químico, observación por satélite, etc. -, pero es necesario cambiar

nuestras mentalidades y nuestros programas científicos para poder recoger datos que

permitan establecer una nueva teoría de la ecología global. Si la próxima generación de

científicos logra liberarse de las ideas antiguas, podrá establecer dicha teoría.

Y si se observa con algún detenimiento el papel que ha jugado la humanidad y más

concretamente el hombre en todo este estado de cosas, hay quienes consideran que el

antropocentrismo, problema con muchas aristas, hace parte de la crisis de la cultura.

Porque, en atención a esta concepción, poco a poco la naturaleza quedó en manos del

hombre; y así en pleno Siglo XX esto se exacerbó con las concepciones reduccionistasmecanicistas

y sus implicaciones éticas. El análisis de cómo se fueron desarrollando en

general las concepciones antropocéntricas hasta derivar en una concepción utilitarista y

hedonista, es un ejercicio muy importante a desarrollar para hacer plena conciencia acerca

de la crisis espiritual, la pérdida de valores y del sentido de la vida.

El predominio de la razón ha convertido a los hombres en seres completamente

egocéntricos. Quizás esta racionalidad egocéntrica es la que ha generado concepciones

antropocéntricas que en últimas han desarrollado toda una cadena de tragedias, conflictos,

concepciones utilitaristas que fácilmente han afianzado una fragmentación de la conciencia

humana; de tal forma que es muy común que pensemos una cosa, sintamos otra, digamos

otra y hagamos otra. Esta es la raíz psicológica de todos los conflictos: la

incoherencia. Por ello, tal vez somos completamente indiferentes a la destrucción de la vida

humana y al arrasamiento de la naturaleza y, por eso, hemos perdido el respeto por la vida a

pesar de que siempre la llevamos para todas partes.

Pero, se tiene que admitir también, que el desarrollo científico y técnico ha dinamizado

creativamente la sociedad y enriquecido las culturas y las civilizaciones. Ha ido

construyendo un mundo hacia la superación de la necesidad, hacia el logro de las

condiciones de cumplimiento pleno de la libertad humana. Pero la ciencia y la tecnología

operan como fuerzas productivas bajo las determinaciones del capital y los centros de poder

internacional. Por esta razón, es pertinente realizar constantemente la pregunta a la ciencia

y a la tecnología sobre su naturaleza y sus funciones que no son virtuosas ni neutras en sí

mismas.

Una visión sistémica de la historia de las relaciones del hombre con la naturaleza debe

considerar tres grandes períodos. El primero, denominado biocenosis, es aquel en que el

hombre forma parte integrante del ecosistema y tiene relaciones armónicas con la

naturaleza. Hace aproximadamente diez mil años, se inicia el período de la domesticación

de la naturaleza, que tiene sobre ella un impacto cada vez más fuerte, hasta llegar a la crisis

actual con todo el desarrollo de la tecnología. El tercer período corresponde a la toma de

conciencia acerca de los problemas ambientales y se inicia hace muy poco tiempo, en la

década de los setenta.

Ahora que nuestra relación con la Tierra viene experimentando un gran cambio, debemos

comprender sus implicaciones. El reto consiste en reconocer que las alarmantes imágenes

de destrucción medioambiental son síntomas de un problema de fondo más amplio y grave

que nunca. El calentamiento planetario, el agujero en la capa de ozono, la extinción de

especies, la deforestación tienen un origen común: la nueva relación entre la civilización y

el equilibrio natural de la Tierra.

El reto en cuestión tiene dos elementos. El primero consiste en damos cuenta de que nuestra

capacidad de dañar el planeta puede tener efectos globales e incluso permanentes. El

segundo consiste en percatamos de que el único modo de comprender nuestro nuevo papel

de coarquitectos de la naturaleza pasa por sabemos parte de un complejo sistema que no

funciona según las sencillas reglas de causa y efecto a las que estamos habituados. El

problema no radica tanto en nuestro efecto sobre el medio ambiente como en nuestra

relación con el mismo. En consecuencia, cualquier solución deberá tener muy en cuenta

esta relación así como la compleja interrelación de los factores propios de la civilización y

la de éstos con los principales componentes del ecosistema planetario.

Se ha señalado, que la verdadera solución ha de pasar por reinventar y sanear

definitivamente la relación entre la civilización y la Tierra, lo cual implica una minuciosa

revisión de todos y cada uno de los factores responsables del cambio que ha afectado de

forma drástica y relativamente reciente a esta relación. Y aunque esta transformación

conllevará necesariamente al desarrollo de nuevas tecnologías, más importantes serán los

cambios que deberá experimentar nuestra concepción de la relación antedicha.

Si se acepta que el problema ambiental que hoy vive el mundo requiere la formación de una

nueva sociedad, nos situamos necesariamente en el horizonte de la cultura. En estas

condiciones se puede intentar una historia ambiental, que en opinión de un estudioso

colombiano de esta temática debería contener, entre otros, los siguientes temas: el estado

de los ecosistemas y su influencia en la formación de los sistemas culturales, la

transformación del medio debida a la orientación de la cultura y la manera como la

naturaleza se venga de las construcciones culturales que sobrepasan sus propios márgenes

ambientales. Lo anterior, con relación al hecho de que la crisis ambiental moderna, que

debe asimilar las experiencias del pasado, está exigiendo una nueva manera de comprender

y de construir los sistemas culturales del hombre.


En la misma dirección se argumenta, que la resiliencia cultural frente al medio es frágil.

Puede desmoronarse, porque el hombre no halla los medios tecnológicos o las formas

organizativas y los instrumentos teóricos para superar la crisis. Lo que hace diferente al

peligro actual de los anteriores es que este último se convirtió en planetario y abarca la

totalidad del sistema vivo. Igual que en el pasado, la exigencia radica en hallar los

instrumentos culturales adecuados para la supervivencia… de la propia vida. Ello no está

garantizado. La crisis ambiental radica en el hecho de que no necesariamente se tiene

garantizado el éxito. Aunque no se debe olvidar que “la incertidumbre es la raíz de la

creatividad cultural”.

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