Los pueblos azules más bonitos del mundo

Los pueblos azules más bonitos del mundo

 

Jodhpur (Rajastán, India)

 

Foto: iStock. Texto: Marta Sader — El azul pertenece a la realeza en el mundo occidental, a la esfera de lo sagrado para tribus como los mapuche y a la templanza y la sabiduría en el Antiguo Egipto, donde también era atributo del Sumo Sacerdote. En la Antigua Grecia, Zeus llevaba un manto azul como símbolo de dios celeste, y en la antigua tradición cristiana, este color es el de la virginidad, la piedad y el cielo.

 

Una calle de la fascinante Chaouen, en Marruecos

 

 

Foto: Corbis. Texto: Marta Sader — A veces, para imbuírse de ciertas cualidades de este tinte, los habitantes de una zona pintaban sus casas de añil, y algunos de esos enclaves, extraños en un mundo en el que el blanco y el ocre solían dominarlo todo, han sobrevivido hasta nuestros días. Por eso son tan mágicos.

 

Fuerte de Mehrangarh, en Jodhpur (Rajastán, India)

 

 

Foto: Corbis. Texto: Marta Sader — En Jodhpur, la segunda ciudad más grande del estado de Rajastán, el calor aprieta, y mucho: ¡está construida sobre el desierto de Thar! Esa es la razón de que la casta de los brahmanes (la sacerdotal, la más importante de las cuatro) comenzase a pintar sus casas de azul en el siglo XV, pues esgrimían que con ello ahuyentaban el calor y alejaban a los mosquitos. Con el tiempo, todos los vecinos comenzaron a hacer lo mismo, y ahora, incluso muchos de sus palacios están tintados de añil.

 

 

Sidi Bou Said (Túnez)

 

 

 

Foto: Corbis. Texto: Marta Sader — Sidi Bou Said es un agradable pueblo costero  situado a unos 20 km de la ciudad de Túnez y, desde antiguo, constituye el lugar de veraneo predilecto para los notables de la zona. Desde principios del siglo XX, además, mantiene por ley todas sus ventanas, puertas y rejas de color azul claro. También conserva su tradicional arquitectura y la antigua distribución de sus callejuelas, todo ello gracias al barón Rodolphe d’Erlanger, que se enamoró del lugar y quiso mantenerlo por siempre tal y como sus ojos lo vieron por primera vez.

 

Sidi Bou Said cuenta con algunas cafeterías legendarias en las que tomar té y escuchar el famoso ‘maluf’

 

Foto: Corbis. Texto: Marta Sader — ¿POR QUÉ VISITAR SIDI BOU SAID? El hecho de que se haya mantenido intacta a lo largo de los siglos es ya razón suficiente para querer pasear por las adoquinadas callecitas de Sidi Bou Said, con sus fachadas impecables y sus cafés legendarios, como el Sidi Chabaâne, el Café Safsaf o el Café des Nattes. No obstante, ojear las galerías de arte y el exquisito museo situado en el palacio d’Erlanger, perderse en las tiendas de antigüedades, escuchar conciertos de música tradicional tunecina (el famoso maluf), u observar la preciosa bahía desde el puerto deportivo son sin duda alicientes para volar hasta este lugar. Si además añadimos su ciudad balnearia (La Marsa) y las amplias playas de arena blanca que con ella colindan, sabemos que estamos ante un must.

Enlacehttp://www.traveler.es/viajes/rankings/galerias/los-pueblos-azules-mas-bonitos-del-mundo/1093/image/54027

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