Archive for the Una aproximación al origen de la crisis ambiental Category

EL PENSAMIENTO AMBIENTAL

Posted in Una aproximación al origen de la crisis ambiental on 10 abril, 2009 by Yo por la naturaleza

Una aproximación al origen de la crisis ambiental

El pensamiento ambiental, según los estudiosos de este tema, es un planteamiento en

formación, que para consolidarse, todavía encuentra en su camino muchos obstáculos de

orden epistemológico.

Es preciso tener en cuenta que el manejo tecnológico, motor del desarrollo actual, supuso

una profunda desacralización de la naturaleza a través de la ciencia. El pensamiento mítico

tenía mucha más posibilidad de entender el mundo como sistema. La ciencia moderna tiene

que entrar a desmitificar los sistemas naturales, proceso difícil y posiblemente una de las

aventuras más riesgosas e interesantes del hombre.

Se considera, sin embargo, que fue todavía más complejo desacralizar al hombre mismo.

También se opina que no es posible entender la filosofía moderna, sin descubrir entre

bambalinas el significado de esa lucha. Se agrega, además, que la formación de la filosofía

moderna tiene un trasfondo ambiental que aún está por estudiarse. Su pregunta básica es

cómo articular al hombre al sistema de la naturaleza. Si se observa desde esta perspectiva,

se puede comprender la posición de filósofos como Descartes o Kant para situar al hombre

dentro del sistema natural, sin que por ello pierda sus derechos, legítimos o no, al dominio

del mundo.

Se juzga que el pensamiento ambiental incipiente impulsado por Spinoza, sucumbe con la

posición filosófica de Kant, que representa, a no dudarlo, el fundamento más claro del

paradigma epistemológico de la modernidad. Con él se instala en la ciencia moderna la

separación entre ciencias de la naturaleza y ciencias del “espíritu”, que no se refieren, como

podría creerse, a la teología o a las ciencias del más allá, sino a las disciplinas que estudian

al hombre. De esta manera, el análisis del comportamiento humano se desliga de sus raíces

naturales y las ciencias humanas subyacen en el sobrenaturalísimo filosófico, del cual no se

han logrado separar todavía o se han separado por la vertiente del reduccionismo.

Al optar por este análisis el interés estriba en las consecuencias de este hecho para la

construcción de la perspectiva ambiental y para la formulación de una metodología

interdisciplinaria de análisis. La dificultad de construir una ciencia sistémica, aquella que

trabaja sobre sistemas complejos, como son los que tiene que enfrentar el estudio del medio

ambiente, proviene de la tajante separación todavía persistente, entre ciencias naturales y

ciencias del hombre.

Estas consideraciones resultan importantes para entender las dificultades del parto de la

conciencia ambiental contemporánea y las diferentes perspectivas ambientales, muchas

veces contradictorias, que se ventilan en lo que alguien denomina “las discusiones de la

endogamia ambiental

El estudio de la ecología es indispensable para quien desee entender la problemática

ambiental. En un tono un poco radical, se puede decir que el ecosistema no tiene problemas

ambientales en la concepción moderna del término. Por eso se sugiere hacer la distinción

entre lo que se denomina ambiente en ecología y la problemática ambiental propia de los

sistemas culturales.

Se puede argumentar en sentido opuesto, planteando que todo organismo transforma su

medio. Uno de los aspectos más interesantes y menos estudiados en medio ambiente es la

diferencia entre transformaciones ecosistémicas y transformaciones tecnológicas. Se ilustra

diciendo que la lluvia de meteoritos que posiblemente ocasionó la extinción de los grandes

reptiles de la era secundaria no significó un regreso en la evolución. Los nichos que

quedaron libres por la desaparición de los saurios, fueron invadidos por los mamíferos y

ello permitió su proliferación durante la época terciaria, hasta llegar al hombre. Este, por

tanto, no es un problema ambiental en el sentido moderno del término, sino un problema

evolutivo.

Lo que ha venido ocurriendo con las transformaciones inducidas por los sistemas culturales

es muy diferente. Modifican el sistema vivo en su totalidad. A medida que la naturaleza es

intervenida por la ola tecnológica, cada vez tiene menos posibilidad de regresar a las

condiciones primitivas, al menos mientras se siga ejerciendo dicha actividad.

En tanto no se comprendan las intrincadas articulaciones del sistema social, no es posible

entender la naturaleza en su conjunto, tal como existe hoy. Ello significa que el orden

natural incluye en la actual etapa evolutiva, el orden humano. Este último no coincide

necesariamente con el orden ecosistémico ni tiene porque coincidir. La solución al

problema ambiental no consiste en encajar al hombre dentro del ecosistema. No consiste,

por tanto, en saber “conservar”, sino en aprender a “transformar bien”. La especie humana

no tiene ninguna alternativa evolutiva, sino la transformación del orden ecosistémico. Ello

no depende de la mala voluntad del hombre o de su incapacidad para comprender el orden

natural. El orden humano también es parte del natural, que ha sido reformulado por el

mismo proceso evolutivo. Se juzga, que no hemos reflexionado suficientemente en lo que

significa el salto a la instrumentalidad desde la perspectiva evolutiva y las consecuencias de

este hecho sobre el método científico. Y se concluye diciendo que, sin este presupuesto de

análisis, es muy difícil entender en qué consiste la crisis ambiental.

La especie humana no tiene nicho ecológico. Esta es una conclusión cada vez más aceptada

en los círculos científicos, tanto sociales, como “naturales”. Ello significa que la adaptación

humana no se realiza a través de transformaciones orgánicas, sino a través de una

plataforma instrumental compleja y creciente que llamamos “cultura”. Esta plataforma de

adaptación no incluye solamente las herramientas físicas de trabajo, sino las formas de

organización socio-económica y esa compleja red de símbolos que cohesiona los sistemas

sociales. Así, pues, también las formas de organización social y de articulación simbólica

son estrategias adaptativas de la especie humana.

Ello no significa que el hombre pueda transformar arbitrariamente el orden ecosistémico.

Significa que la resiliencia ecosistémica no coincide con la resiliencia cultural.

Paulatinamente, los ecosistemas son ocupados tecnológicamente. Este es un hecho

evolutivo y ello no es ni bueno ni malo. Estamos frente a un nuevo orden inevitable de la

naturaleza, que es bueno diferenciar del orden ecosistémico y que para introducir claridad

podemos llamar “equilibrio tecnobiológico”, no simplemente “orden cultural”. El insumo

tecnológico transforma los equilibrios ecosistémicos y crea nuevos equilibrios artificiales

que sólo pueden sostenerse tecnológicamente. No podemos volver atrás. El hombre no

puede regresar al nicho de los primates fructívoros de donde se desprendió. El

ambientalismo no puede convertirse en un idilio ecosistémico.

El problema ambiental consiste, en que los equilibrios culturales tampoco pueden traspasar

ciertas barreras. La cultura tiene también límites de resiliencia, que aunque no coinciden

exactamente con los límites ecosistémicos, no por ello dejan de existir. La transformación

tecnológica de los ecosistemas tiene que crear nuevos equilibrios en los que sea posible la

continuidad de la vida. Ello nos plantea la existencia de la cultura como una estrategia

adaptativa.

El traspaso de los límites de resiliencia no significa necesariamente la catástrofe. Se insta a

liberar el ambientalismo de esa tendencia que anuncia cíclicamente el fin del mundo. Las

crisis ambientales que ha sufrido periódicamente el hombre han significado mas bien la

necesidad de profundas transformaciones culturales. Se argumenta diciendo que la historia

está llena de cementerios culturales y apenas ahora empezamos a comprender hasta que

punto, en muchas ocasiones, la muerte cultural ha sobrevenido por el predominio de

estrategias desadaptativas.

Las responsabilidades ambientales del hombre no podrán ser comprendidas mientras no se

entienda la cultura como una realidad evolutiva que tiene sus propias reglas de

funcionamiento. La cultura jalona una nueva etapa evolutiva y las responsabilidades

ambientales dependen de ese hecho poco comprendido, no sólo por el sobrenaturalísimo

filosófico, sino también por las llamadas ciencias naturales. Los mismos ambientalistas no

se plantean la crisis en esos términos y por eso sus soluciones no pasan de ser en ocasiones

más que simples reacomodos o sueños conservacionistas. Se trata de una etapa de la

evolución, ni mejor ni peor que las anteriores. Sólo distinta. Es difícil insistir, contra la

opinión generalizada, en ese hecho que puede ser mal interpretado desde cualquiera de los

compartimentos de la ciencia tradicional. El reduccionismo se niega a concederle al hombre

un privilegio tan amplio dentro del proceso evolutivo. No se trata, sin embargo de un

privilegio, sino de una inmensa carga de responsabilidades, que las ciencias sociales, al

menos en sus corrientes tradicionales, ni siquiera han percibido como problema.

Desde que el hombre empezó a darse cuenta que la vida le concedía una cierta ventaja con

relación a otras especies y comenzó, con el correr de los tiempos, a gustar de su

“sabiduría”, se autoproclamó rey de la creación sin mayores efectos solidarios para su

misma especie. Ya en nuestros días, el hombre, mucho más sabio ahora, pero más

ambicioso se embarcó en la empresa de la conquista total del bienestar. El fin era legítimo

pero los medios puestos en el propósito no estuvieron en armonía con la esencia biológica

de quien los accionaba.

De todas maneras, la totalidad de la naturaleza y, por tanto, el proceso evolutivo depende

cada vez más de la tecnología. Desde el momento en que aparece o se consolida la cultura,

la naturaleza viene sufriendo una constante transformación no sólo propia del desarrollo

moderno. Se puede plantear incluso que las transformaciones tecnológicas del neolítico,

con la invención de la agricultura y la domesticación de los animales, significaron, al

menos en algunos aspectos, un cambio ambiental más profundo que los producidos por el

desarrollo moderno

Anuncios

DE LOS MITOS A LA CIENCIA

Posted in Una aproximación al origen de la crisis ambiental on 2 abril, 2009 by Yo por la naturaleza

Una aproximación al origen de la crisis ambiental

 


La crisis ambiental no es fácil de explicar. Generalmente se le atribuye a la mala voluntad

del hombre, que desorganiza con su actividad el maravilloso orden de la naturaleza.

Alguien incluso pregunta ¿Es que acaso el ser humano tiene sobre sí un destino maléfico

que lo sumerge necesariamente en la catástrofe? A lo largo de la historia del pensamiento,

el hombre ha estado inclinado a considerarlo así.

En los mitos griegos, Prometeo y Tántalo son atormentados por los dioses por el hecho de

entregar a los hombres los secretos de la técnica. En las primitivas leyendas babilónicas el

hombre comete un error al acceder al árbol de la ciencia y descubrir los secretos de la

naturaleza. Su osadía significa el destierro del paraíso, cuyo mito está extendido en casi

todas las antiguas culturas agrarias.

 

Estos mitos aún persisten en las explicaciones contemporáneas de la crisis ambiental y de

alguna forma se mezclan con las concepciones científicas. Los mitos babilónicos mezclados

con muchas otras visiones fueron transmitidos a la cultura occidental y difundidos por el

planeta a través de la colonización europea, para relegar a un segundo plano las otras

concepciones regionales, como las que existían en América en la época precolombina.

No hay duda que la interpretación de las comunidades indígenas estaba más cerca de una

visión ambiental de la naturaleza y de la actividad humana. A pesar de las inmensas

diferencias que existían en las culturas aborígenes y su distinto grado de desarrollo, los

mitos precolombinos vinculan al hombre y a su actividad dentro de la naturaleza.

Infortunadamente, es muy poco lo que va quedando de esas visiones y hoy aún continúan

muriendo las últimas culturas independientes.

Se opina que la visión de la naturaleza y de¡ hombre, que Europa ha trasmitido al mundo,

no es homogénea. En ella convergen múltiples interpretaciones y de allí la dificultad para

comprender la problemática ambiental y la debilidad de las soluciones aportadas. La

ciencia moderna aún no ha logrado establecer su propio dominio, independientemente de la

filtración de tradiciones anteriores. El hombre contemporáneo piensa la naturaleza con

esquemas interpretativos que van desde los antiguos mitos de los imperios agrarios, hasta

las leyes formuladas por la ciencia.

 

También es evidente que la ciencia ha construido sus métodos de análisis, más para

dominar la naturaleza que para entenderla como un sistema articulado. La ecología, que ha

alcanzado la visión más sistemática del mundo natural no ha logrado penetrar sino

superficialmente en los métodos científicos de las ciencias naturales. El problema ambiental

depende en gran parte de ese retraso de los métodos científicos que se han organizado como

casillas independientes y no logran entender todavía de manera satisfactoria los sistemas

complejos. Puede afirmarse que la tecnología ha avanzado más rápido que el conocimiento

que poseemos de los sistemas naturales y de los límites de su fragilidad.

La ecología moderna ha descubierto que la naturaleza es un sistema equilibrado y

relativamente frágil. Este descubrimiento, que se inicia a finales del siglo pasado, sólo llega

a su madurez después de la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, la tecnología había

avanzado demasiado, impulsada por el conocimiento parcializado que había impuesto el

empirismo y el positivismo científico.

Por lo expresado, la perspectiva ambiental no es una ciencia más, sino la profunda

reformulación de los métodos científicos, a fin de lograr un manejo equilibrado del mundo

natural

El impacto del desarrollo sobre la degradación del medio

Posted in Una aproximación al origen de la crisis ambiental on 1 abril, 2009 by Yo por la naturaleza

Una aproximación al origen de la crisis ambiental

 

 

Se debe recordar que las sociedades pre-industriales, incluidas las primitivas, han

producido impactos importantes al medio ambiente.

El fuego permitió a las primeras sociedades alterar sustancialmente la vegetación, de

manera que plantas que se pensaba respondían al proceso "natural" de "clímax”, es decir, de

proceso evolutivo hacia un estado maduro o estable, pueden en realidad ser parte de

procesos de clímax de orden antropogénico. Es el caso de muchas áreas de sabana y tierras

de pastos de latitud media. A su vez, la modificación de la vegetación habría llevado a

ajustes en la fauna. También la erosión del suelo resultante de la desaparición de la

vegetación tiene una larga historia. Ciertos cambios ambientales importantes de las tierras

altas de Europa occidental, que tradicionalmente se han explicado por cambios climáticos,

pueden ser explicados mejor por las actividades de las gentes del Mesolítico y el Neolítico.

 

La salinización del suelo de épocas tempranas se debe a las prácticas de regadío en zonas

áridas y sus efectos en los campos de cultivos, como se ha observado en Irak de hace más

de 4.000 años. También hay evidencias de que las prácticas de caza de las primeras

civilizaciones pueden haber causado grandes cambios en el mundo de la megafauna tan

tempranamente como hace 11.000 años.

Los problemas de la degradación M medio no han surgido repentinamente, sino que se han

ido gestando a lo largo de la historia reciente; sobre todo a partir de la revolución industrial

M Siglo XIX, aunque han experimentado un auge enorme en las últimas décadas por obra

del despegue tecnológico experimentado en todos los órdenes de la actividad humana, con

unas consecuencias muy graves en algunos campos y todavía desconocidas en otros.

El hombre suponía que bienes como la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua pura, o

servicios como la degradación de las sustancias nocivas, se llevaría a cabo con un costo

nulo para el ambiente. Esta es una actitud comprensible, natural, después de hábitos

milenarios, pero que en la actualidad se encuentra menos justificada a partir de la toma de

conciencia de todo cuanto se realiza actualmente para uso humano en los campos de la

manipulación, la transformación y la síntesis orgánica o biológica. Paulatinamente, en las

últimas décadas se han levantado voces denunciando el estado de devastación en que se

encuentran amplias áreas de la Tierra y multitud de ecosistemas.

Sin embargo, es con la civilización industrial y el desarrollo tecnológico en gran escala,

cuando el impacto del hombre sobre el medio ambiente es más notorio y, en muchos casos,

de efectos inciertos. Como ejemplos se pueden citar, el desarrollo de la energía nuclear, con

la posibilidad por ello de hacer explotar la totalidad de la superficie terrestre varias veces y

con la producción de residuos nucleares peligrosos de larga duración como el plutonio que

tiene una vida media de 25.000 años, pero se mantiene peligroso durante 250.000 años, o el

uso de pesticidas muy poderosos como el DDT, de utilización masiva en la agricultura

durante años, posteriormente prohibido, con efectos graves sobre la salud, las aguas y otros

medios. En definitiva, en las últimas décadas se han producido importantes cambios en el

medio, en términos cuantitativos y cualitativos.

En el Cuadro 1 se puede observar como alrededor de la mitad de los componentes han

cambiado más en una sola generación desde 1950 que en la totalidad de la historia humana

anterior a esa fecha.

Cuadro 1. Transformación de la Tierra por efecto de la acción humana (Kates et al.,

1991, citados por Pardo, 1997).

Tipo de transformación (%) 1860 1950

Superficie deforestada 50 90

Diversidad de vertebrados terrestres 25-50 75-100

Tamaño de la población 30 50

Emisión de carbono 30 65

Emisión de azufre 5 40

Emisión de fósforo 20 20

Emisión de nitrógeno 1 5

Emisión de plomo 5 50

Pero, sobre todo, lo que ha aumentado con la sociedad industrial es la complejidad, la

frecuencia y la magnitud de los impactos. La velocidad e intensidad de éstos se sitúa en una

dimensión cualitativamente diferente, que nos dice que el problema medioambiental es

principalmente un problema social.

Una caracterización de la situación medioambiental del presente, incluiría con bastante

aceptación, apreciaciones como las siguientes:

La sociedad industrializada ha cambiado las condiciones físicas del

Planeta Tierra en dimensiones sin precedentes y con consecuencias ecológicas y sociales

importantes. Aunque hay diferentes puntos de vista, incluso en el nivel científico, a la hora

de calificar la gravedad de sus efectos, se acepta que se van a producir cambios

importantes, como

 

El aumento de la temperatura de la Tierra y la disminución de la capa de ozono.

• Los problemas son globales, y aunque en una primera instancia no afectan lo mismo al

Norte que al Sur, ni tampoco afectan lo mismo a los ricos que a los pobres, dentro de los

mismos países desarrollados los sectores pobres y marginados de la población reciben

mayor impacto ambiental por localización de vertederos. Finalmente, toda la humanidad va

a sufrir el impacto de aquellos.

• Por otra parte, las soluciones exclusivamente "técnicas" no han dado los resultados

satisfactorios que se esperaba, cuestionando -en mayor o menor medida, según los

enfoques- los modelos socioeconómicos imperantes.

En consecuencia nos encontramos en una crisis ecológica o, si se prefiere, en una

reestructuración ecológica, que está poniendo en cuestión todas las teorías económicas del

Siglo XX e, implícitamente, su capacidad de asegurar unos mínimos niveles de desarrollo a

las futuras generaciones.

Para mencionar algunas de las manifestaciones de esta crisis, cabe resaltar el amplio

reconocimiento social al hecho de que la naturaleza pone límites, en términos de recursos

naturales y de capacidad de integrar o acoger los niveles de contaminación que el desarrollo

económico está produciendo. De todo esto surge la idea de "irreversíbilidad", basada en la

constatación de que los procesos biológicos necesitan para su recuperación, en el mejor de

los casos, un tiempo considerablemente mayor que el que les permite la presión humana,

que actúa en un tiempo muchísimo más corto. Así, previsiblemente, con un cambio de

política al respecto habría impactos que se podrían corregir pero una parte de la destrucción

que se produce sería irreversible. Una vez que una planta o un animal se ha extinguido no

puede recuperarse.

 

La polémica sobre los límites físicos es muy importante. Sin embargo, hace falta tomar en

consideración aquello que se denomina "los límites extremos sociales", definidos como la

velocidad con que la sociedad puede preparar las adaptaciones necesarias a las

imposiciones ambientales o puede cambiar antes de sufrir consecuencias ambientales

negativas.

A %d blogueros les gusta esto: